Imagino el trayecto que me conducirá...
hasta sus brazos, el camino angosto lleno de piedras, las chozas bordeando la ruta. Las nubes oscuras cayéndose a cada minuto y mis ojos que se disuelven con ellas y con el viento perfumado de hojas secas; a veces pienso en esos días, cuando me levantaba con la certeza de que al llegar la tarde todo sería diferente, de que la lluvia borraría toda huella y el destino se iría navegando junto con los barquitos de papel que echábamos al arroyito de nuestra calle. Gris Ruiseñor

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